miércoles, 24 de febrero de 2010
Don't stop me now...
martes, 23 de febrero de 2010
He dejado de fumar
miércoles, 10 de febrero de 2010
Volviendo desde la oscuridad
Pues sí, damas y caballeros lectores (los cuales parecen haber crecido en las últimas fechas, pese a una ausencia sencillamente justificable), aquí estamos de vuelta, para contar más historietas de estas que suceden a diario durante mi vida como "mexicano" de pro.
Y parece que todo se ha tornado un poco más claro, un poco más accesible para las emociones, después de haber atravesado (lo reconozco) instantes en que uno jamás desea encontrarse, en que la salud se convierte en la primera de las necesidades, la más firme de las preocupaciones.
No voy a reconocer haber rezado a dios alguno, pues no conozco aún cuál es aquel que me escucha. Pero sí diré que busqué en mi interior todas las rendiciones religiosas que supe encontrar. Y es que la ocasión lo merecía; el temor era impactante y devoraba con ansiedad todas las esperanzas que trataban de albergarse en mi alma. Y es que, noticias que logran impresionar de esta forma estremecen tanto que las palabras se bloquean, los gestos se congelan y todo pasa a parecer una cruel ficción la cual quieres dejar tener que observar.
Estos días he aprendido mucho de tumores, benignos y malignos. Me he instruido sobre cómo no temerlos, sobre todo cuando se encuentran en una tierna edad. He investigado en ese oncológico tema del cual tendemos (quizá por tabú) a huir. Y creo que me siento a escribir estas palabras con un poco más de conocimiento y con un tanto más de sapiencia.
Pero, he de contar cómo, partiendo de una probabilidad del 95%, nos dan la inesperada noticia de la benignidad del indeseable componente de mama la alegría se puebla nuestros rostros por completo. Ilusionadas caras, que esperaban la noticia “trans-cirugía” de un tumor maligno pero, afortunadamente, extraído a tiempo, recibieron la congratulante confidencia médica de que no había ni una sola célula cancerosa.
Nada pudo emocionarnos más… pues por no esperada, además de por la mejor de las posibilidades, lo que se esperaba como un momento de tensión y esperanza se tornaba mágico, con un inimaginable y eterno futuro.
Hoy más que nunca me compadezco de todas aquellas personas que lloran la existencia de un mal tan fatídico a su alrededor, pues he pasado por ello, aunque fuera, al final, solo una falsa alarma.
Y solo tengo ganas de darle las gracias a todo aquello en lo que creo, a mi diferente forma de religión, a éste o aquel cielo, a todas las formas de credo posibles… pues hoy la felicidad por tener a mi mamá política más sana que nunca es una gran realidad.
Gracias!
McKarra.

