Este pasado fin de semana, comenzando desde el viernes, hemos asistido al curso pre-matrimonial. Ha sido un curso intenso, hemos de reconocer, pues comenzó a las 6 de la tarde del viernes y finalizó (con los normales descansos para comer y dormir) a las 2 de la tarde del domingo.
Lucy y yo (quizá un poco más Lucy que yo) decidimos que queríamos asistir a un curso algo "diferente" al acostumbrado. O al menos diferente a lo que uno puede tener en la cabeza: unas aburridas charlas con un cura y con un matrimonio de mentalidad retrógrada, que no nos ocupara más de un par de horas en las tardes de un jueves y viernes cualquiera.
No queríamos ese clásico curso. Y tanto nos empeñamos en buscar algo diferente, que al final lo conseguimos. Tomamos el curso en la parroquia del Pedregal (una zona cercana a la que es ya nuestra casa), impartido por un par de curas: el párroco (muy buena persona, pero bastante cansino en sus charlas) y el padre Canché, el cual es un tipo que podría bien ocupar el espacio estelar en un programa humorístico en "prime time". Es un tipo que, durante sus realmente divertidas charlas, nos trataba de la forma más graciosa que nunca vi de "pendejos" (idiotas) y el cual no se quita el "chingado" de la boca en cualesquiera de sus formas.
Un cura atípico, sin duda. Pero realmente alguien con quien disfrutas de sus charlas y por el que pagar $1.200 pesos merece la pena. Además, consigue transmitirte el mensaje a través de ese irreverente humor que se gasta. Y como muestra, un ejemplo con uno de los chistes que se marca el padre:
"Un tipo que le dice a una mujer: tú de lejos de ves muy fea, pero de cerca... no queda ninguna duda" :-)
La verdad es que salimos muy contentos del curso. No solo por la "panzá" de reír que nos pegamos, si no por todo lo que aprendimos del otro: qué nos emociona, por qué nos comportamos de determinada manera, etc.
Aprendimos mucho el uno del otro, sacando cientos de cosas positivas de la experiencia. No es que, ahora, nos queramos más, si no que lo hacemos mejor. Tal vez traíamos demasiado stress, provocado por la boda, y habíamos perdido la esencia de porqué queremos compartir nuestra vida juntos. Este fin de semana volvimos a recuperar esa esencia y a disfrutarla de forma tal que habíamos olvidado esa manera de gozar nuestra relación.
Y para colmar... creo que tuve una especie de re-encuentro con una perdida espiritualidad, la cual ni recordaba donde la había dejado. No, no piensen que me voy a volver un beato recalcitrante, al contrario. Pero sí hemos de reconocer algunas de las magníficas labores que realizan ciertos padres católicos. Y, por qué no, el hecho de que comenzaremos a colaborar en tratar de mejorar las condiciones de vida de mucha gente que ha tenido la desgracia de nacer donde no hay. Creo que es perfectamente compatible esta colaboración, con el conservar esa forma de pensar que me invita a alejarme de los dogmas católicos.
Hasta tal punto fue el re-encuentro, que acabé el curso haciendo de acólito del párroco de la iglesia... INCREIBLE!, verdad? El agua bendita hervía con intensidad al acercarme. Pero, al final, todo salió bien... y nadie se dio cuenta de mi cara de estar pensando "qué coño hago aquí" mientras se llevaba a cabo la liturgia. Jejeje! incluso ni recordaba el Padre Nuestro... :-)
Un abrazo para todos.
McKarra.






