domingo, 26 de julio de 2009

Descubriendo Oaxaca

Estimados lectores
En el post de esta semana toca soportar otro capítulo más de esta especie de guía de viajes (de conocimiento intenso del país mexicano), que muestra el deambular de este tipejo por las tierras que ahora representan ser mi casa. Y el capítulo de hoy me centraré en el reciente viaje a Oaxaca.
Para los no iniciados en el "mexicano", diremos que el nombre de esta parte del país se lee (más o menos) como "uajaca"...
De acuerdo, a mí también me parece un tanto extraña la relación entre la forma de pronunciarlo y cómo se escribe, pero así es. Parece ser que el nombre actual proviene de la grandiosa colonia hispánica por estos lares. No entraremos en más detalles, y sobre todo cuando existen poblaciones de nombres tan impronunciables como: Popocatépetl, Azcapotzalco, Chichinauhtzin, o Tlalpan... que es la zona del DF donde yo vivo y que, per sé, a mí ya me resulta un tanto complicado de pronunciar.
Bien, pero centrémonos en el motivo del viaje. Cuando, por estas tierras, comentas "Voy a ir a Oaxaca", oyes comentarios del tipo "Ooooh! (muy pronunciado) qué bonito es", ó "Ooooh! (igual o más) qué bien se come...". Pero realmente a mí ni me pareció todo lo bonito que podía ser, ni tampoco la comida me resultó tan excelente como la anuncian.
El viaje estuvo, simplemente, bien. Quizá tenga que ver el hecho del "factor aburrido" del mismo, del cual no puedo hablar demasiado en este blog (a quien quiera saberlo se lo contaré gustosamente "en privado").
Pero gastemos menos tiempo en meternos con el género humano (ya habrá mejores ocasiones) y contemos algún detalle que otro del viaje. Para ubicar al selecto lector, voy a incluir un mapita de la ubicación de Oaxaca, en el que, sobre todo, se podrá apreciar la distancia con DF:

Lo mejor de todo es el recorrido. Dentro de que este país ha mejorado mucho (en cuanto a carreteras se refiere) desde que lo comencé a visitar (allá por el 2.005), hemos de reconocer que el último tramo hasta Oaxaca es un tanto digamos "peligroso". Una carretera con un carril para cada sentido, con más curvas que un circuito de F1, y más agujeros que un queso Gruyere (que por cierto, el auténtico no tiene agujeros). Ah! eso sí, es una carretera de peaje... y, sorprendentemente, barata no es.
Al llegar se observa como un marcado estilo colonial (típico estilo de construcción impuesto por los españoles durante su estancia por Nueva España) lo impregna todo. Este estilo se ve con especial hincapié en el centro de la ciudad, el cual está conformado por la estructura clásica en la gran mayoría de poblaciones mexicana: una plaza cuadrada o rectangular, denominada zócalo, donde se ubican la iglesia o catedral (en función del tamaño de la población), el edificio gubernamental, y el resto de edificios de uso público.
Sí es justo destacar el ex convento de Santo Domingo, el cual es realmente impresionante. Hay algunas fotos colgadas en el álbum, e incluso un vídeo en el nuevo link que se incluye en "Enlaces realmente de interés".
En las inmediaciones de la ciudad de Oaxaca se encuentran puntos de interés como Santa María del Tule, con el impresionante árbol de no se cuantos kilómetros de ancho (aquí son un poco exagerados para medir); Hierve el Agua, que es una cascada de agua petrificada en un paraje espectacular; o Monte Albán que es un yacimiento arqueológico de las ruinas de una ciudad fundada por los zapotecos (tribu indígena originaria de la zona).
Por cierto, hablando de Hierve el Agua, cabe mencionar que no es posible que un punto de atractivo turístico como éste, que tanto se empeñan en publicitar e invitar al turista a visitar, tenga una ruta de acceso en tan tan penoso estado. De repente la carretera desaparece (literalmente) y es sustituida por un camino de cabras que se convierte en un barrizal impracticable cuando llueve, lo cual es muy frecuente en esta zona y época. Lucy y yo sufrimos las consecuencias de un aguacero de bíblicas proporciones durante nuestro camino de retorno. Prometo que, en más de una ocasión, tuve la sensación de que nos iban a tener que sacar del fondo de un barranco. Menos mal que conducíamos la Jeep Grand Cherokee de Lucy a la que, desde ese momento, adoramos con frenesí y pasión.
En cuanto a la comida, mencionar que, entre lo peculiar de la gastronomía oaxaqueña, destaca el famoso Mole. Este plato es en realidad un salsa, confeccionada con muchos ingredientes (algún desmesurado puede decir que más de 2.000), de entre los cuales destacan algunas variedades de chile y chocolate (sí, sí, chocolate).
Hay que reconocer que alguna de las variedades de Mole, pues hay más de 20, son realmente muy ricas. Aunque eso sí, algo picantes (o lo suficiente, en algunos casos, para que desees arrancarte la lengua al probarlos :-). En el álbum del viaje pueden apreciar a Lucy (y su cara de felicidad) degustando un plato de pollo con Mole.
Por último, sólo mencionar la hospitalidad de Fabiola, amiga de Lucy, que tan magníficamente nos acogió en su casa oaxaqueña. En las fotos, aparte de ella, que es la más alta de las dos morenas que aparecen en alguna imagen, tenemos el gusto de presentarles a Yanina (que me perdone si no su nombre no se escribe así).
Y esto es todo por hoy, amigos. Solo adjuntar el enlace para que puedan disfrutar del álbum de magníficas imágenes de esta nueva aventura: álbum.
Saludos y abrazos para todos.

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